CAPITULO 25. INVESTIGACIONES. DESVELACIONES
Era
una noche estrellada. Brillante y plena.
No queriendo dejar aun los preciosos jardines verdosos,
impregnándose
de la suave brisa que les golpeaba cual fina pluma, haciéndole
cosquillas, siguieron paseando, perdiéndose, en los parajes, ellos dos
solos.
- ¿kaito?
Un agarre fuerte sobre su mano le indicó
que su pareja clamaba por atención,
desatendida hasta ese momento.
- dime.
- He estado llamándote varias veces seguidas y no me
contestabas. ¿Hay
algo que te preocupa? Te noto nervioso.
- ¿Nervioso?
En qué
sentido - preguntó
mientras acercaba más
al menudo cuerpo. Nitsuga dio un pequeño respingo que no pasó desapercibido
para ninguno de los dos. Se miraron. Esos ojos conocían
que esa reacción
no era fruto de la brisa. No valdría
aquella excusa ni tampoco tenía
intención
de escupirla. Sería
una estupidez. Solo había
sido la sorpresa inicial y no otra cosa más oculta u oscura. Con sus delgados y
cortos brazos, pasándolos
por el trabajado torso, rodeó la
circunferencia del otro cuerpo lo que le fue posible.
Siguieron andando un tanto en silencio. Se oían
las aves nocturnas cantar, anunciando la búsqueda de comida y alertando a las
presas de su ataque. Infundiéndoles
miedo. Anunciando lo inevitable.
- No quería
decir nervioso, pero sí
distraído,
pensativo - prosiguió
con la perorata.
Kaito tocó su
alianza. Se debatía
entre tener esa conversación
ahora o después.
Desconocía
si ese era el momento justo o si nunca habría
alguno, pero no había
forzado el tema. Titubeó y
Nitsuga levantó
una ceja expectante, esperando una explicación a
su parecer a tan extraño
proceder.
Decidió
hacerle saber sus descubrimientos
- Nitsug… -
Pero el decidir confesárselo
no hacía más fácil
su propósito
y que no era otro más
que comunicárselo
con palabras. Por ello, su timbre de voz titubeó al
hablar.
El muchacho enserió su faz. Había
vislumbrado la dirección
que podía
tomar aquella interlocución.
- Dime lo que tengas que decirme. No temas.
- Confió en
ti - Tomó su
mano y los dirigió,
callados ambos, a un banco cercano. Sentó a Nitsuga en él,
más
Kaito quedó de
pie.
- Dímelo
- Ansioso estaba. Su interior hervía
de dicho sentimiento sin saber por qué. ¿Intuición?
- No sé cómo
te lo tomarás -
levantó
una mano, haciendo callar la respuesta a ello de su prometido - Te ruego que no
me interrumpas o desconozco si mi valor será el
suficiente para continuar. También
se que eres una persona valiente, madura y responsable. Te amo más
que a mi propia vida - confesó.
Nitsuga, que tal y como Kaito le había
suplicado, no deseaba romper su promesa implícita,
movió
los labios, lenta y pausadamente para corresponder sus sentimientos con un “Yo
también
te amo”
dicho desde el alma y sin sonido alguno que recogiera, por lo menos, los tímpanos
humanos.
- No te violaron - Kaito consideró
como camino más
viable el más
directo y corto. Sin preámbulos
ni curvas que lo alargaran.
- ¿Qué? -
Nitsuga se levantó
del asiento.
- He estado haciendo investigaciones e interrogatorios y
creo que no te violaron. Es más,
podría
asegurarlo.
- Pero… -
Nitsuga no sabía cómo
expresarse correctamente. Se volvió a
sentar en el banco. Pensando, si es que a lo que estaba haciendo se le podía
denominar así.
Aquello era …
¿Felicidad?
¿Tranquilidad?
¿Gozo?
¿Alegría?
Cuestionó
sin saber decidirse por una o por todas.
- Yo me alegro por ello. No es que te quisiera menos si los
acontecimientos hubieran sido otros, por supuesto que no. Me alegro no por mi,
sino por ti; porque así
sabrás,
al igual que los demás,
de tu pureza nuestra relación
no se verá
tan afectada por ello pues tú no
tendrás
aquella duda carcomiendo, impresa entre nosotros.
Kaito estaba nervioso. Se sentaba y se volvía a
levantar. Tomaba sus manos, apretándolas
para luego dejarlas laxas sobre los muslos o las escondía
tras su espalda o entre los bolsillos de su pantalón.
Lo miraba para, segundos después
apartarla solo para fijarla en sus zapatos. Nitsuga se limitó a
observar su graciosa reacción.
- Bonitos zapatos.
- ¿Eh?
- Desde luego, no supuso que hablarían de su calzado.
- Digo que …
- Sé lo
que has dicho - interrumpió el
mayor. Se estableció a
su lado - Solo que no me esperaba este giro de acontecimientos. Solo eso.
Y ya en ese instante, Nitsuga no aguantó la
pequeña
risilla que había
estando posponiendo. Kaito no le secundó. Demasiado extraño y
fantasioso para su humilde cerebro. Todo escapaba a su raciocinio. Necesitaba
explicaciones plausibles y esperó
pacientemente por ellas.
Nitsuga se limpió una gotita de su ojo izquierdo con el
dedo índice
de su mano derecha:
- Me gustas cuando te pones nervioso y no controlas la
situación -
concluyó.
- Con que te gusto así… - ronroneó
acercando el algo frío
cuerpo de Nitsuga al suyo.
- En realidad, no me gustas. - Calló -
Eso es demasiado poco para describir lo que yo siento por ti. Sería
insultante.
- te amo. - Le dijo el mayor, colocando el menudo cuerpo
encima de sus rodillas para abrazarlo, infundiéndole
calor.
- Y yo a ti - Nitsuga se acurrucó aún más.
Pum pum. Pum pum. Los latidos constantes le ayudaron a relajar ese tumulto de
sensaciones que le estaban impidiendo respirar bien. Se estaba ahogando.
Ese abrazo era un consuelo mutuo que hacía
innecesario todo lo demás.
En ese momento.
- Kaito - demandó el menor en su escondrijo.
- Dime.
- Termina - y esa terminación
verbal fue lo suficientemente clara para que Kaito supiera a qué se
refería.
Quería
explicaciones. Pruebas que aseguraran su verdad.
Y él
las tenía.
Claro que las tenía.
Caviló
unos minutos, ordenando sus ideas, organizándose en su mente, para poder
sintetizarlo todo de manera clara y concisa. Cuando estuvo preparado, siguió
con el consiguiente monólogo:
- Pues bien, en primer lugar, las posibles consecuencias. Tu
cuerpo no se ha visto afectado por ninguna enfermedad venérea,
ni fiebre u otro tipo de síntoma
parecido. Además -
Expiró e
inspiró
para darse fuerzas para proseguir su relato y marcó la
pauta con un carraspeo la continuación del mismo - Tampoco has quedado
embarazado.
Estas son pruebas circunstanciales, que sirven de guía,
pero no son decisorias ni definitivas.
Otro factor. El tiempo. Conversando con Gaby, me contó lo
sucedido con todo lujo de detalles, así
como interrogué a
esos malditos hasta que encontré
respuestas satisfactorias y verosímiles.
Ambas concordaron por lo que eran verídicas y razonables. Entre que te
desmayaste y entró
Gaby no pasó más
que escasos minutos, tiempo insuficiente para una penetración
por mas brusca que sea.
Gaby tiene gran memoria y me confirmó
que todos llevaban su ropa aun bien colocada. Ellos también
así lo
confirmaron. No pudieron tocarte de manera tan íntima.
Todo aquello que recuerdas es lo único,
si es que eso te sirve de consuelo y minimiza la tragedia en sí,
por así
decirlo, que sucedió.
-Se escuchó un
suspiro aliviado -
Y lo más
importante. No habían
desgarros o semen en tu recto - Maldecía el tenerle que hacer recordar
aquella mala experiencia. Nitsuga le apretó la camisa y hasta que no aflojó el
agarre no siguió
hablando - La revisión médica
y la posterior conversación
con él
mismo, nos llevaron a confirmar que, a lo sumo, habrían
podido introducir un o dos dedos. De ahí tu leve molestia.
Además … -
Unos finos dedos lo interrumpieron.
- basta. No es necesario que me digas más.
Es suficiente.
- Nitsuga - susurró. Esas letras le proporcionaban
su chispa de vida necesaria así
como la heroína
lo es del enganchado a su efecto drogadictorio.
- Solo quiero permanecer aquí.
Contigo. Solos y en paz.
Esa era una petición fácil
de perseguir.
Y Kaito se mantuvo impasible aparentemente y de forma firme
aunque fuera una vil fachada, ignorando estoicamente aquello que mojaba su
prenda y que no era el rocío húmedo
de la noche, ni esos sonidos no naturales provenientes de una garganta humana.
Nitsuga lloró.
De alivio. De felicidad. De desasosiego, alegría y
tranquilidad. Lloró
por su presente y por las buenas nuevas del futuro. Por analizarlas desde una
nueva perspectiva. Perfecta y tal y como la había
soñado.
El tiempo, para ellos, quedó
paralizado; en esa burbuja aislada donde solo existían
ellos dos.
La luna ya estaba en pleno apogeo, iluminando con los rayos
prestados y robados del sol que la hacían tan brillante.
Nitsuga se levantó y el hombre lo imitó
esperando por su siguiente movimiento, que no tardó en
proseguir.
- Volvamos a casa - Kaito esperó
que Nitsuga caminara a la par cuando él inició su
caminata a pie, pero no se movió.
Se quedó
quieto y ello le inquietó
por lo que le preguntó un
tanto alejado de él
para no agobiarlo. - ¿Todo
bien?
- Jamás
pudo estar mejor. - Sonrió
radiantemente, sonrisa que, rápidamente
fue correspondida.
Nitsuga dijo otras palabras, que casi ni siquiera fueron
escuchadas ni por Kaito. Lo acercó
para volver a repetirlas. Sus mejillas se colorearon al tiempo de las del
thorpiano, que quedó
incrédulo
ante las mismas. Nitsuga lo miró
mientras buscaba su reacción.
Desde luego no fue la que esperó, más
no le decepcionó.
Tan discapacitado había
quedado, pululando entre sus más básicos
e instintos pensamientos que no notó cuando su prometido comenzó la
vuelta, camino a casa ni tampoco vio la raíz del árbol.
Cabe señalar
que lo que sí
pudo palpar con toda seguridad fue la fría y embarrada tierra del suelo. También
pudo oír
la risa de su virgen eirthiano.
Y un pensamiento voló por su mente, mientras se miraba las
magulladas manos para unirse al canto melodioso de Nitsuga. “¿Sería
así de
candente y calenturoso en la cama?” Y
no solo su miembro pulsó
ansioso por comprobarlo.
El susurro del viento, de la naturaleza colindante quedó
envidiosa, curiosa, más
bien, pues no pudieron enterarse de esas últimas palabras de la romántica
pareja.
“Solo
piensa el poco tiempo que nos queda. A ti para estar protegido entre mis
estrechas caderas, siendo las únicas
que conocerás y
saborearás a
partir de dicho instante. A mi para sentirte en mi interior, sabiendo que eres
el primero y serás
el único”.
Kaito acompañó y
escoltó a
Nitsuga a su habitación.
Tras darse una tierna despedida, se despidió
para ir a la suya, a su mullida cama para descansar física
y mentalmente para dormir relajada y profusamente como hacía
semanas que no lo hacía.
Ruidos matutinos los despertaron esa mañana,
al igual que al resto de los inquilinos.
La razón:
Reiv tenía
contracciones anticipatorias de un próximo parto.
Motivo: venía
niño
en camino.
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